Trovador Argentino, nacido en Buenos aires, pertenece a una nueva generación de cancionistas y compositores latinoamericanos participes y concientes de la era que les toca. Las canciones de sus siete discos están nutridas de las poéticas, sonoridades y paisajes que anualmente recorre por los rincones del continente.
Inicio y FormaciónLautaro Ruatta
Descongelando los labios con tonadas y amuletos
Hermanando la tierra en patria grande
Mestizando el tarareo del respeto
al coraje milenario, anda diciendo Fernández .
Siendo el paisaje de inextinguible aliento
que exhala voluntades de caminante,
da de llover con rima al que anda sediento,
y tortilla volteada a los farsantes.
Chacarereando el rioba, apuntalando utopías, equilibrando abismos
con un coro de huellas…
el gallo negro retruca sus estrabismos.
La América sangrante le dicta estrellas
a este juglar del futuro que embarra imperialismos.
Mandraque del taller de las canciones bellas.
Jugando su hasta aquí de pulga inquieta, en postal del recuerdo
lleva su para allá hacia un plural que valga.
La pelota no se mancha si se la tiene adentro
aunque este no sea el mundo que han soñado las algas.
Ese vértigo humano de la bolsa, ese mata mercado con guitarra,
ese compadre porteño del interior del cómplice,
ese apéndice explotando en la desesperanza,
ese tú del otro lado que si se cae la toalla
llega en canción del sur en un clic volando
ese que se nos queda aunque se vaya…
ese Pablo Fernández, viene trovando.
Lautaro Ruatta
Santa Fé - Argentina 12-11-2011
Leandro Frigoli Escritor
Gabriel Faurè decía de la música que tanto su escritura como su audición provocan un deseo de cosas inexistentes.
La música es el reino del intervalo muerto.
Es lo irreversible que visita. Es lo acontecido (revolu) que se subleva (revolte). Es un ninguna parte que llega hasta aquí.
Es el retorno de los sin retorno. Es la muerte en el día. Es lo asemántico en el lenguaje. Pascal Quignard (SI ES ASÍ VA SOBRE EL MARGEN IZQUIERDO)
Para dar comprobación de certeza sobre la música de Pablo Fernández, sobre su andar diciendo en sus canciones devenido desde tiempos inmemoriales, hay que implicarse con capacidad de sentir y vivir lo brindado por el músico. Esa es la consigna, de eso habla la cita.
Permítanme que les cuente qué significa todo este enredo, esta complejidad. En realidad, su calidad humana y oficio es por todos conocido, sin embargo no se si es lo suficientemente apreciado.
Siempre me inquieta saber que el Cumpa transita por caminos donde uno conoce personajes y personas, amigos, hermanos, poetas, y sobre todo inspiración y musas, libertades, protesta, dignidad y memoria. En todo su andar, Pablo dice muchas cosas sobre la música y otras tantas sobre él, y más dice sobre el arte, estando reunidos en algún bar, café de por medio. El Pablo es todo eso.
El Pablo es la trova, como genero libre, pero también es la poesía, que inspira los gemidos en las alcobas de las verdaderas amantes y el sufrimiento de las peores embestidas. Es su poesía una gran variedad de sentidos, ritmos, signos; digo esto porque detrás del artista, del dúctil compositor, del oficio que cose, está su persona. Tanto la música como su ser marcan a fuego verdades que vaya uno a saber de que lares provienen, pero que están para ser sentidas, y ser cinceladas en la roca por siglos. Imagino que la palabra, cuando se presenta de cuerpo entero, es el vínculo entre lo vivido y la música. Recuerdo una anécdota que resume esto: estábamos en mi casa, una tarde de invierno, cercanos a los festejos del Bicentenario Argentino, cuando un periodista de situación comentaba la cáscara de lo que significa Patria; el cumpa, sin muchas explicaciones ni presentaciones, me dijo "la patria sos vos, mis amigos del barrio, mi familia, mi paisajes, eso hermano es la Patria, y se aprende cuando la bandera flamea en la lejanía de tu tierra".
El cumpa sella su claridad compartida, la experiencia, la cualidad sometida a la virtud, el oficio curtido y tantas otras cosas que nos brinda. En síntesis, es lo acontecido que se subleva. Es un ninguna parte que llega hasta aquí. Y se llama Pablo Fernández.. .
Leandro Frigoli Escritor
Azúl - Argentina 01-03-2012
Opinión de Dora Giannoni,
Mujer del poeta latinoamericano Armando Tejada Gómez
“Podrán cortar las flores pero no podrán detener la primavera…” Eso decía el Che: lo afirmo al recordar que en una de las mas horrendas dictaduras de la historia, un 20 de septiembre de 1979 nacía en buenos aires Pablo Fernández como para restaurar en parte lo perdido y cicatrizar las heridas, trayendo una vocación de paz, amor, alegría, música.
Lo conocí en abril del 2000, cuando nacía el centro cultural Armando Tejada Gómez. Allí apareció sorpresivamente de la mano de su padre Andrés Fernández, junto con el coro Cumelen. Cuando llego el momento de firmar el acta de fundación, me dijo que de poder, firmaría varias veces y con las dos manos, manifestando su aprobación y deseo de colaborar en la memoria del poeta, al que conoció de muy niño cuando acompañaba a su papa, músico y cantor, amigo de Armando.
A partir de allí siguieron muchos encuentros, mate de por medio, donde me hizo escuchar sus temas, me regalo su primer CD donde figuraba un tema inédito de Tejada Gómez dedicado a mi hermana lidia: Canción del año nuevo y que el musicalizó.
En esos encuentros pude apreciar la sensibilidad de sus letras, la creatividad de sus músicas, el deseo por aprender y creer, manifestando su autentica vocación artística y su humanismo.
Cuando el año pasado se realizo en la plaza de mayo un guitarrazo por la paz, convocado por Juan Falu, allí también lo encontré, convencido de que el amor triunfaría sobre el odio, consolándome y animándome por mi dolor y escepticismo ante la guerra planeada por el imperio y que desgraciadamente se concreto, dando razón a mi experiencia y contrariando sus sueños.
En la peña Compadres del horizonte pude escuchar al quinteto que dirige, y si bien la musicalidad es algo ajena a mis gustos por problema de edad, comprobé la enorme responsabilidad en la ejecución y un gran compromiso en los contenidos, algo que promete serio crecimiento.
En octubre de 2003 fui a la ciudad de 9 de Julio para un homenaje que profesoras ex alumnas mías, con sus alumnas realizaban a Armando, antes de empezar el acto, lo vi sentado al piano de cola donde muchas veces habían tocado mi mamá con la orquesta Fénix y mi tía Lita Ferrari y en una oportunidad Miguel Ángel Estrella en un concierto que diera mucho antes de su detención y tortura. No pude evitar la profunda emoción de escucharlo tocar tan bien y contemplar la transparencia y belleza de su rostro de Che rubio, como siempre le digo.
Esa noche estreno un poema compuesto por mi amigo Wally Longarini en homenaje a Armando, al que el le puso música.
Sus temas “Mi abuelo vino de España” o “Buenos Aires color bandoneón”, no dejan de conmoverme.
Siempre estuvo y esta a nuestro lado acompañándonos en el recuerdo a los poetas, inquieto por aprender y ávido por conocer la historia de nuestra música popular y de nuestra patria latinoamericana.
Busca, bucea, contacta, habla con músicos y poetas y pide consejos.
Se siente cómodo entre los mayores y nos sentimos cómodos con el. Siempre regala su ternura, sensibilidad y compromiso.
Su actitud frente a la vida y al arte, su talento en crecimiento, y su sensibilidad me hacen pensar y decir que nada esta perdido mientras halla jóvenes como Pablo Fernández, “gente así tan necesaria”, al decir de Hamlet Lima Quintana.
Dora Giannoni
Buenos Aires 2003
Alguien me hablo de Pablo Fernández
Así sucedió cuando me hablaron de Pablito Fernández. Claro, así era de la forma que me hablaba de el, una señora de letras y entrañable hermana de la vida como es, la escritora Dora Giannoni. Y en verdad nuestras edades eran diferentes, él creo que 24 y yo 49 años, por lo que también utilice el mismo diminutivo al conocerlo, ese modo de sentirlo mas pequeño, mas hijo…
Donde no había diferencias pese a la edad, era en la visión definitiva de ver el semejante. Ambos, sin saberlo estábamos caminando – cada uno por su camino – hacia el encuentro definitivo de la esperanza y la hermandad.
Y fue así que Pablo llego a mi puerta con sus canciones y sus sueños. Traía para como regalo una canción cuya letra en homenaje al referente Armando Tejada Gómez, yo había escrito. Creo que los vientos la llevaron lejos y en algún rincón quedo demorada.
Luego hubo aquí, y en distintos lugares otros encuentros. El sabe que lo espero; que tiene su lugar en la mesa y un poema que espera ser cantado.
¡Mi afecto por siempre Pablo!
Miguel Longarini
Libre pensador y poeta Argentino
9 de julio, Argentina 2003